En 1992, un devoto de Voltaire adquirió una parcela agreste de 8 hectáreas, con el único fin de desarrollar en ella un enclave idílico para ofrecerse a quienes, como él, viven en busca de significado y de lo milagroso. Para ellos es que este devoto del silencio se impuso las tareas necesarias para alcanzar su meta. Finca Ferney es un lugar sagrado porque se ha sacralizado con los nobles pensamientos de muchos visitantes. Aquí se han dado cita pintores, místicos, locos, científicos, escritores, poetas e iluminados. Entre sus vetustos oyameles se han recreado pensamientos milenarios; se han redimido las almas nobles y se ha rendido culto al Gran Arquitecto del Universo. Finca Ferney es un lugar de encuentros notables que tiene sus puertas abiertas para quienes aspiran a ser más que ellos mismos.