
El nombre de Finca Ferney tiene su origen en la Villa donde Voltaire, el pensador y filósofo francés, vivía y creaba.
El escritor y filósofo Voltaire pasó sus últimos 20 años en un castillo
a la orilla del pueblo de Ferney-Voltaire, un pueblo que incrementó su
tamaño y prosperidad bajo su influencia. El complejo del castillo
incluye al castillo en sí, una capilla y otros edificios distribuidos
en un parque de 17 acres, que en uno de sus costados colinda con
Mont-Blanc.
Durante las 2 décadas de Voltaire en Ferney, desde 1759 hasta su
regreso triunfal a París donde murió en 1778, su hogar sirvió, en
palabras de un escolar, como “el nervio central de Europa durante la
Iluminación”. En Ferney, Voltaire fue visitado continuamente por
admiradores, desde Madame d’Epinay y d’Alembert hasta James Boswell,
Adam Smith, Lord Chesterfield y Edward Gibbon. Fue también ahí que el
alguna vez infante terrible de las letras francesas fue transformado
como el patriarca de Ferney, el defensor de la familia Calas, y el
campeón ferviente de la libertad humana. Desde Ferney, Voltaire ha
atravesado los siglos como el prototipo para todo intelectual
comprometido, desde Hugo hasta Zola hasta Sartre. En julio de 1966, por
ejemplo, al final de una visita a Francia, Nelson Mandela rindió
homenaje a “la tierra de Rousseau, Voltaire y Montesquieu, los
arquitectos de los principios de libertad, igualdad y fraternidad”. En
junio de 1997, se reportó que el nuevo Primer Ministro Socialista de
Francia, Lionel Jospin, nació “sobre un sillón colocado encima de un
juego de obras completas de Voltaire para facilitarle las cosas a la
comadrona”.
El renombrado filósofo francés ha disfrutado desde tiempo atrás del
afecto de los americanos, empezando por los Padres Fundadores. De
hecho, el impulso de preservar el hogar de Voltaire en Ferney se puede
comparar con las iniciativas privadas montadas anteriormente en este
siglo, para salvar las propiedades históricas en Monte Vernon y en
Monticello. En Paris, en 1778, Benjamín Franklin presentó a su nieto
con el escritor francés, quien (hablando en inglés) le dio al niño su
bendición en el nombre de “Dios y libertad”. Actualmente en Monticello,
se puede ver un busto de Voltaire similar al que una vez le perteneció
a Thomas Jefferson; en otra habitación se encuentra colgado el mismo
bosquejo que él compró (estando en Paris), y que representa al
patriarca de Ferney en cama recibiendo visitantes. La biblioteca de
Jefferson, como aquella del primer presidente de la nación, George
Washington, también incluía los trabajos de Voltaire. Fueron los
historiadores americanos Ariel y Will Durant los que popularizaron la
formulación en idioma inglés de «la era de Voltaire».
Voltaire es una de las grandes estrellas en el firmamento cultural
Gálico. Pero obviamente su legado intelectual y creativo pertenece por
entero a la humanidad y por ende, a Francia.